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Los recuerdos de Mabel

Desde México, Mabel Padlog nos envía algunas fotos y comentarios sobre los recuerdos de su niñez y adolescencia en la Colonia Leven, que estaba ubicada a pocos kilómetros de Las Moscas:

Para el Blog de los Mosqueros, y dedicado en especial para Diego Sajaroff.

La familia Padlog-Schmoisman

[Clickeá sobre la imagen para agrandar]

Ésta fue la casa de don Miguel Sajaroff, en el número 2 de la Colonia Leven. Se observa sólo una parte, pues toda la construcción constaba de tres cuerpos. Lo que aquí vemos constituía la cocina, el baño, la despensa con sótano y un cuarto como de almacenamiento.
La primera foto es de 1962, si mal no recuerdo. A la derecha, mi mamá, Fanny Schmoisman. Sentada al centro, mi abuela materna, Esther Rosenstein viuda de Schmoisman. A la izquierda, mi hermana Nora.
De pie, mi papá, Julio (Jaime) Padlog, y a su lado yo, Mabel. Ahí yo tendría 17-18 años.

Lo que sigue a continuación es la copia de un documento que nos fue legado por esa abuela, y que habla de una parte de la historia familiar.

Artículo sobre la familia Schmoisman

[Clickeá sobre la imagen para agrandar]

Este recorte de una antigua publicación dice así:

El Ejemplo que Ofrece la Familia Schmoisman
(De nuestro Redactor Viajero en el Distrito Moscas)

Hombres que han labrado su porvenir desde muy temprana edad son los señores Juan e Isaías Schmoisman, radicados en su campo del distrito Moscas, departamento Uruguay, cuya propiedad alcanzaron tras grandes esfuerzos pues la prematura desaparición de su padre, don Jorge Schmoisman, los dejó frente al compromiso de completar su pago, lo cual estaba muy lejos aún de ser logrado.

La evolución del señor Jorge Schmoisman

Pero antes de pasar adelante con la reseña de las actividades de estos hombres jóvenes que desde la niñez se han sumado a los pionners que extraen las riquezas que atesora el suelo entrerriano, hemos de detenernos un instante para recordar la vida del que fuera su progenitor y que al desaparecer prematuramente les dejó herederos de un elevado ejemplo de honestidad y consagración al trabajo. Sin ese ejemplo, que la viuda y los hijos de don Jorge Schmoisman han seguido fielmente, acaso no hubieran logrado alcanzar la posición y el concepto de que hoy, tras largos años de sacrificios, gozan merecidamente.
Don Jorge Schmoisman llegó de Rusia en el año 1902 y dirigiose de inmediato a Entre Ríos, donde obtuvo que la Jewish Association le entregara una extensión de 146 hectáreas para que trabajase, en el distrito Moscas.
Dedicando su campo a la agricultura y a la ganadería, principalmente a la primera, la situación del señor Schmoisman fue haciéndose cada vez más cómoda, gracias al trabajo y los rendimientos obtenidos año tras año.
Más tarde, mientras la tierra le producía para su propia amortización, y el mantenimiento de su familia, don Jorge Schmoisman se hizo cargo de la mayordomía de la estancia del señor Sajarov, lindera suya, y fue en el desempeño de la obligación de este puesto que en el año 1914 sobrevino inesperadamente un hecho trágico. El señor Schmoisman fue muerto por un peón, quedando su familia en el mayor desamparo, pues sus hijos eran pequeños -el mayor tenía entonces nueve años- y sin haber pagado más que la cuarta parte del valor de su campo.

El esfuerzo hecho por la viuda de Schmoisman

Es realmente digno de mención el esfuerzo que correspondió a la señora Esther viuda de Schmoisman para continuar adelante, pues aunque contaba con la ayuda de sus hijitos, los cuales ya poseían alguna práctica de las tareas agrícolas, éstos no podían cooperar con ella en la medida necesaria dada su escasa edad. No obstante ello, con personal extraño, y la cooperación de los niños, orientados por ella, la viuda de Schmoisman supo salvar el difícil lapso desde la muerte de su esposo hasta que sus hijos estuviesen capacitados para el trabajo. ¿Que podríamos decir en homenaje a esa señora que al llamado de su deber de madre ha sabido imponerse a la desgracia que en plena juventud la ha afligido y proseguir adelante sola en la tarea de asegurar el porvenir de sus hijos? Solo porque nuestra pluma se siente impotente ante tamaña entereza, rememorar aquellas mujeres que han hecho de sus vidas un apostolado de energía noblemente encaminada; de aquellas mujeres santas porque han sabido cumplir el más santo de los deberes, el deber de ser madre. Sobreponiéndose al amilanamiento con que la muerte de su esposo ha afligido a su espíritu, la señora de Schmoisman ha proseguido firmemente el camino por él emprendido, mientras sus hijos fueron haciéndose lo que su padre ha soñado que fuesen: los dignos continuadores de sus actividades.
Poco a poco, pues, las actividades desarrolladas por todos, bajo la dirección espiritual y material de la señora, permitieron amortizar la propiedad que quedó librada en 1927, después de cuya fecha los hermanos Juan e Isaías, quienes actualmente siguen las labores propias de su campo, adquirieron 57 hectáreas más, con las cuales cuentan ahora 203, en plena explotación agrícola y ganadera.

Los hermanos Juan e Isaías Schmoisman

Cinco son los hermanos Schmoisman. Una mujer, Fanny, y cuatro varones, de los cuales dos se dedican al comercio, alejados del punto que indica la residencia paterna.
Ellos son Leiva y Bernardo Schmoisman, los cuales están actuando en Buenos Aires y en Viale, respectivamente. Los otros dos, Juan e Isaías, son los encargados del campo, y a pesar de su larga actividad en el mismo, solo cuentan 24 años el primero y 22 el segundo. De ellos dijimos, y es oportuno repetirlo ahora, que son hombres jóvenes que desde la niñez se hallan sumado a los pionners que extraen las riquezas que atesora el suelo entrerriano.
Es ejemplar la cooperación de toda la familia Schmoisman para propender al bienestar común mediante la conquista de la posición que hoy goza. Y tanto es así que muy pocas veces ocurre un caso semejante, del que resultan altamente favorecidos por el concepto público tanto la señora viuda de Schmoisman como sus hijos.

Las hermanas Padlog y su madre
[Clickeá sobre la imagen para agrandar]

En la última foto estamos Judith, Nora y yo, y dentro del auto nuestra mamá (Fanny) que ya en aquellos años era tan osada como para manejar el Chevrolet.
Seguramente Bernardo Cirlin recuerda algo de lo que aquí les envío.

Un saludo para todos.


Mabel Padlog

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